instagram arrow-down
Francisco Carrión

HISTORIAS

EGIPTO YA TIENE SU MAJA DESNUDA

Página

La noche cae indómita sobre El Cairo cuando Aliaa Magda Elmahdy aparece en la escalinata del Sindicato Egipcio de Periodistas. Vestida con unos vaqueros ceñidos y una camiseta hecha jirones, su figura frágil y menuda se confunde entre los decenas de activistas que participan en una rueda de prensa para denunciar el ritmo marcial con el que los uniformados administran la transición del país más poblado del mundo árabe. La joven, estudiante de Comunicación en la elitista Universidad Americana de la capital, apura el día de su vigésimo cumpleaños como protagonista de un destape tan histórico como escandaloso para la conservadora sociedad egipcia.

Hace unas semanas, Aliaa publicó en su blog Diario de una rebelde un transgresor autorretrato en blanco y negro en el que la veinteañera aparece completamente desnuda. El encaje negro de unas medias y el color rojo de los zapatos y un lazo componen el fotograma más provocativo que se recuerde en décadas en la tierra de los faraones. La imagen fue un acto íntimo perdido en la vorágine de internet hasta que el pasado domingo el activista Ahmed Awadalla publicó un enlace a la bitácora en su cuenta de Twitter. Y, en 140 caracteres, precisó: «Una feminista revolucionaria ha publicado una foto desnuda para expresar su libertad. Estoy totalmente sorprendido por su coraje».

A partir de aquel instante, el mensaje corrió como la pólvora por la red desatando una tormenta de críticas y adhesiones. En las horas que sucedieron al hallazgo, el acto de Aliaa concitó todos los focos dentro y fuera del país: su página recibió más de 1,5 millones de visitas y en Twitter el hashtag #NudePhotoRevolutionary acogió una media de cuatro mensajes nuevos por segundo.

Fascinados por el fogonazo, medios como la cadena de televisión qatarí Al Arabiya buscaron sin éxito el testimonio de Aliaa quien, un tanto desbordada por la repercusión internacional de la noticia, optó por el silencio. Pasó los dos primeros días recluida en el piso de su novio. Y el miércoles abandonó su cautiverio voluntario para hablar con Crónica de lo que muchos consideran un acto suicida, inconsciente e inútil si se trata de alzar la voz contra la discriminación que padecen las egipcias.

SIN FINES SEXUALES

«Sospechaba que la fotografía tendría cierto impacto pero jamás imaginé una difusión tan amplia. Hay quien produce y hace circular material como éste con fines sexuales pero no fue mi intención», relata una joven extraordinariamente tímida que ha sacudido a la sociedad egipcia a una semana de las primeras elecciones libres de su historia.

Según Aliaa, la instantánea fue tomada el pasado junio en la casa de sus padres. «Con una cámara corriente y sin la ayuda de nadie», puntualiza. Unos meses después, recuperó la imagen y coloreó el calzado y el adorno del pelo. Abrió un nuevo blog y publicó el polémico fotograma junto a otra imagen recién salida de la ducha y desnudos recopilados en la red. A la serie, titulada Arte desnudo, agregó unas líneas tan incendiarias como el contenido gráfico: «Quítense la ropa y mírense en el espejo; quemen sus cuerpos que desdeñan y despréndanse de sus complejos sexuales para siempre, antes de lanzarme acusaciones racistas o negarme la libertad de expresión».

«Ha sido una respuesta a la sociedad. Si hubiera nacido en cualquier otro país habría hecho exactamente lo mismo. Rechazo la idea conservadora que mira a la mujer como un simple objeto sexual», confiesa durante la entrevista.

La protagonista amateur del primer desnudo integral de la transición egipcia está muy lejos de las actrices españolas que practicaron el destape sobre las cenizas de una pacata censura franquista. El de Aliaa fue un mensaje cargado de un ideario que la joven tiene dificultad para verbalizar de un modo coherente. Según el texto de su blog, su provocación fue «un grito en contra de la sociedad de la violencia, el racismo, el sexismo, el acoso sexual y la hipocresía».

Interrogada por el leitmotiv que la llevó a compartir un desnudo entre una población para la que la pornografía es haram (ilícito), la veinteañera responde sin dudar: «Quiero que se acepte al ser humano tal y como es. Las egipcias están reprimidas y las chicas de mi edad se sienten despreciadas». Y, para denunciarlo, Aliaa compuso un collage con tres copias que reproduce el autorretrato ocultando en cada fotograma el pubis, la boca y los ojos con rectángulos amarillos «a semejanza -explica- de los mecanismos que censuran el conocimiento, la expresión y la sexualidad de las egipcias». Tal es el tabú que sufre el destape que en las universidades egipcias los estudiantes de Bellas Artes han dejado de hacer retratos con modelos desnudos.

HUIDA DE CASA

Su ataque a un statu quo que en nombre de las tradiciones y la religión condena a las mujeres no es su primera batalla. Asfixiada por un progenitor intransigente, esta hija única escapó de casa hace cinco meses. «Mi familia quiere verme casada y de ama de casa como el resto de mis compañeras», señala mientras relata como cruzó el umbral del hogar familiar. «Mi padre se empeñó en acompañarme diariamente a la universidad para evitar que pasara tiempo con mi novio Karim. Discutimos, me golpeó y me prohibió salir. Hasta que una mañana le convencí para que me permitiera asistir a clase y ya no regresé».

Aliaa narra con vacía frialdad el incidente que abrió un tajo en una biografía que aún conserva en su perfil de Facebook suspendida en los clichés escaneados de la infancia o en los primeros bits fotográficos de la adolescente durante unas vacaciones en el mar o junto a sus padres en el acto de graduación del instituto. «A mi familia le preocupaba mucho que los vecinos y los amigos llegaran a saber mis ideas. Mi padre se dio cuenta hace algún tiempo que suelo escribir sobre sexualidad y virginidad y que defiendo el derecho de la mujer a practicar el sexo antes del matrimonio». Fue entonces cuando se cansó de que en casa le preguntarán insistentemente si aún era virgen.

Desde que cerró la puerta del hogar familiar no ha vuelto a tener ningún contacto. Ni una carta para justificar su huida ni una llamada para preguntar por el nido vacío. «No tengo ni idea de si han podido ver las fotos pero, de todas maneras, no volvería con ellos porque temo que quieran encerrarme o vengarse de mí». Aún recuerda que durante los 18 días de revueltas que forzaron la salida del ex presidente Hosni Mubarak también recurrió a la fuga para sumarse al grito de la simbólica plaza de Tahrir, donde una multitud heterogénea voceó el fin del miedo, la impunidad o la represión.

La voz de Aliaa dice reunir varias sensibilidades que cuentan con escasa aceptación en las calles egipcias. Se declara feminista y atea desde los 13 años, cuando reflexionó sobre «la visión de la mujer en el islam» y llegó a la conclusión de que «el ser humano debe rebelarse cuando se le impone un dogma». Y vegetariana: «Mis padres aspiraban a que fuera «una persona normal». Hasta me criticaban por cambiar mi dieta».

Una modernidad difícil de comprender para los habitantes de un país en el que desde hace cuatro décadas las mujeres sufren «una revolución silenciosa» que ha desterrado de su vestuario las minifaldas atrevidas y las cabelleras sueltas que se lucían antaño. Ahora triunfa la recatada moda de cuellos altos, vestidos holgados, mangas largas y hiyab (pañuelo islámico). Uno de los factores de la transformación conservadora, que Aliaa se niega a secundar, es el regreso de millones de egipcios que habían emigrado a los países del Golfo y que llegan impregnados por unas estrictas ideas wahabíes que censuran cualquier expresión artística e imponen a las féminas la reclusión detrás de un niqab (una prenda negra que cubre todo el cuerpo salvo los ojos).

La universitaria ni siquiera tolera el velo con el que la mayoría de sus compatriotas cubre su cabellera. «Lo rechazo porque se justifica su uso como una medida para evitar el acoso. No es opcional y no existe libertad para elegir. Conozco a una chica que sus padres la golpearon brutalmente por haberse quitado el hiyab», cuenta la responsable de una campaña en Facebook a favor de que «los hombres también lleven velo».

Y es que el alegato nudista de Aliaa ha dejado al desnudo las vergüenzas de una sociedad reprimida en la que la homosexualidad -e incluso la heterosexualidad- se viven como experiencias furtivas y el acoso a las féminas es una lacra que se expresa en inoportunos roces, comentarios obscenos o llamadas de desconocidos a cualquier hora del día. «La sociedad egipcia es muy hipócrita porque censura a quien habla de sexo en público pero lo practica en secreto», agrega. A su lado asiente su novio Karim Amer, un conocido bloguero que sufrió 1.470 días de prisión antes de ser liberado el pasado noviembre. Su delito fue insultar al islam y cuestionar el honor del derrocado Mubarak. Obligado por la familia, el joven de 27 años se matriculó en el departamento de sharia (ley islámica) de la Universidad de Al Azhar -la institución más prestigiosa del islam suní- pero fue expulsado después de calificarla como «la universidad del terrorismo» que asfixia el pensamiento libre. «No tengo nada que decir sobre su fotografía. Creo que hay que respetar su acto pero estoy muy preocupado por lo que pueda pasarle. Yo sufrí mucho», confiesa con aire pesimista. «La revolución está a punto de morir», opina al enumerar los ataques que ha recibido Aliaa.

CRÍTICAS LIBERALES

Y no sólo por parte de los salafistas, guardianes de un islam ultraconservador. Algunos liberales, con los que la pareja se identifica, han criticado una instantánea que consideran muy perjudicial para las aspiraciones electorales de sus formaciones en unos comicios en los que -según las encuestas- parte como favorito el partido La Libertad y la Justicia, fundado por los Hermanos Musulmanes. Infatigables, miles de internautas han visitado su perfil de Facebook para lanzarle insultos como «prostituta» o «enferma mental» e instar a la policía a su detención.

Quizás el problema de Aliaa fue nacer en el país equivocado. O vivir en el tiempo erróneo. «Espero que la sociedad cambie porque nada se mantiene para siempre. La transformación sólo ocurrirá con una revolución social y eso necesita mucha valentía». Entretanto, la pareja pone en jaque las restricciones sociales de la moral egipcia. Hace unos meses sus «demostraciones públicas de afecto» acabaron con su expulsión de un parque cairota. Recostada en un sofá, Aliaa busca la mirada de Karim al mismo tiempo que sueña en voz alta: «No quiero irme de Egipto. Me gustaría ser periodista para poder difundir mis ideas… Y tener hijos».

 

[tabs]
[tab title=»»]

Denunciada por «violación de la moral» e insulto al islam

«Estoy esperando a que me suceda algo. Ya sé que la ley establece que debe ser castigada la difusión de material escandaloso», reconoce Aliaa Magda Elmahdy. Junto a su novio, ha sido denunciada ante la Fiscalía general egipcia por «violación de la moral, incitación a la indecencia e insulto al islam». La acusación, presentada por la Coalición de Licenciados en Derechos islámico, califica la fotografía como «un intento de corromper a la sociedad con costumbres extranjeras e inaceptables como la libertad sexual que reclaman» y solicita que se les condene a latigazos o a varios años de cárcel. Aliaa y Karim son las últimas víctimas de la «hisba», un antiguo reglamento islámico que permite a cualquier persona acusar a otra si considera que sus actos son perniciosos. No obstante, los castigos previstos por adulterio varían según el país. Egipto, por ejemplo, prevé una pena de dos años de prisión para la mujer y seis para el hombre. Muy lejos de los 80 latigazos y la pena de muerte que se establece en el islam.

[/tab]
[/tabs]