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Francisco Carrión

HISTORIAS

«Nadie está por encima de la ley, el pueblo no eximirá a Mubarak de ser juzgado»

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MOHAMED EL BARADEI

Premio Nobel de la Paz y ex director del OIEA

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Ayer cumplió 69 años. Una edad que podría marcar el merecido retiro para un diplomático que inició su carrera a los 22 años. Pero no es el caso de Mohamed el Baradei. El tecnócrata que denunció sin vacilaciones la invasión de Irak en 2003 ha regresado a Egipto para ser protagonista de una delicada transición política. Desprovisto del gracejo de sus compatriotas, este bon vivant de gustos occidentales aspira a suceder al derrocado Hosni Mubarak y presidir un país herido por los abismos sociales. Su desafío inmediato es convencer de que la hoja de servicios de un premio Nobel de la Paz y ex director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) es compatible con el ADN de una sociedad conservadora que se redimió en Tahrir de décadas de represión.

Meticuloso y tímido, El Baradei vislumbró el final de una época cuando los oráculos barruntaban la sucesión familiar en la corte del faraón. En noviembre de 2009 abandonó una agencia internacional enfrascada en la enésima controversia por el programa nuclear iraní. Y en febrero de 2010 fundó la Asociación Nacional para el Cambio. Cuatro meses después de la caída del dictador, sus aspiraciones presidenciales se forjan en un apartamento de un antiguo barrio burgués de El Cairo. Su equipo busca a contrarreloj alianzas mientras los operarios amueblan aún el desangelado cuartel general de quien sueña con ser profeta en su patria.

Pregunta.- Ha publicado recientemente en España Años de impostura y engaño. La diplomacia nuclear en tiempos difíciles (RBA). En sus 12 años al frente del OIEA, gestionó crisis relacionadas con el uso armamentístico de la energía atómica en Corea del Norte, Irak, Irán o Libia. ¿Será más fácil lograr la presidencia egipcia y administrar el legado de Mubarak?

Respuesta.- Son tareas muy distintas. En el OIEA trabajé con unas reglas claras y estuve apoyado por un equipo muy organizado de 2.500 empleados. Egipto es bastante diferente. El marco está en desarrollo y nos encontramos inmersos en el proceso de organización de la campaña. En ambos casos, trato de contribuir a la paz y a ciertos valores como la equidad, el desarrollo económico, la seguridad, la libertad o la justicia.

P.- Muchos egipcios continúan tomando la calle para reclamar una purga más rápida del régimen depuesto. Decenas de altos cargos están siendo juzgados y la Interpol ha iniciado la búsqueda de quienes lograron huir del país. ¿Se imparte justicia al ritmo adecuado?

R.- El pueblo siente que el proceso judicial es muy lento. Pero es evidente que los órganos competentes no son tribunales revolucionarios sino una corte civil y la purga llevará tiempo. No me preocupa lo largo que pueda llegar a ser el proceso sino lo justo que debe resultar. En los sistemas democráticos el foco no puede estar en la rapidez de los juicios sino en la imparcialidad del procesamiento.

Hay otras muchas demandas realizadas durante la revolución que no han sido satisfechas. Después de una revolución, siempre existe un periodo de inestabilidad y un tiempo para el desarrollo de las demandas populares. La gente guarda altas expectativas que no siempre pueden lograrse en el plazo deseado. La sociedad denuncia la inseguridad, la parálisis económica o la falta una hoja de ruta clara. Espero que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas entienda que son peticiones legítimas y sea cuidadoso.

P.- ¿Cómo se podría acelerar la purga sin descuidar las prioridades de la transición?

R.- Son dos procesos paralelos. No debemos obsesionarnos con la persecución judicial porque lo transcendental es asegurar que estamos construyendo un nuevo Egipto. Necesitamos centrarnos en las prioridades políticas, económicas y sociales.

P.- El ejército fue recibido con gratitud y orgullo por el pueblo. Ahora su credibilidad se resquebraja. Según algunas organizaciones de derechos humanos, los tribunales militares han dictado más de 7.000 sentencias desde febrero, muchas de ellas contra civiles. ¿Teme que el ejército se convierta en el villano de la revolución?

R.- No. Juzgar a civiles en tribunales militares es una práctica errónea que debe cesar. Creo que el ejército tiene respeto pleno de los derechos humanos pero ciertamente existen actuaciones que tienen que acabar porque si la junta militar quiere mantener su credibilidad debe ser transparente y cercana a la sociedad. No están haciendo lo suficiente y tendrían que actuar con mayor transferencia.

P.- ¿Es oportuno criticar los excesos de los uniformados?

R.-Sin duda. Es muy apropiado reprobar no al ejército como institución sino su papel político y su capacidad de liderazgo y gobierno. Nadie les critica como fuerzas armadas sino como administradores del país. Y, por supuesto, en una democracia ese ejercicio es saludable y necesario.

P.- Desde las tribunas mediática y política se habla a menudo de posibles conspiraciones y del riesgo de una contrarrevolución. Pero, ¿quién estaría detrás y a qué intereses serviría una involución?

R.- Es una buena pregunta. No lo sé. Hablamos todo el tiempo de que existe una contrarrevolución pero desconocemos quién se esconde detrás. Confío en que la junta militar pueda desvelarlo. Probablemente sean criminales del régimen derrocado.

Después de 60 años de represión, la transición de un país no siempre se produce de manera tranquila. Los egipcios que hicieron la revolución están muy vigilantes para que los objetivos del levantamiento se traduzcan en logros. No estoy seguro de que exista un peligro pero debemos estar en alerta. Hay bombas en el camino. Nos enfrentamos a muchos retos y la seguridad es clave para que Egipto recupere la estabilidad.

P.- ¿Egipto ha logrado restituir la ley y el orden?

R.- No. Y no entiendo por qué aún no hemos conseguido restaurarlos más de 100 días después de la revolución. Se trata una responsabilidad del ejército y la policía. Hasta que no seamos capaces de restituir la ley y el orden, la economía no podrá recuperarse y los inversores no regresarán. Incluso los inversionistas locales están preocupados por su dinero. Esa es mi máxima prioridad.

P.- Está previsto que el juicio contra Hosni Mubarak y sus dos hijos comience el 3 de agosto. Los graves cargos a los que se enfrentan serían suficientes para imponer la pena capital. ¿Solo así se haría justicia en honor de los 846 mártires de la revolución?

R.- La sentencia no es una cuestión política. Son los tribunales los que deciden. El veredicto debe estar basado en pruebas y ser justo conforme a los hechos acreditados. Nadie está por encima de la ley y no hay alternativa a la justicia. De ningún modo el pueblo eximirá a Mubarak de ser juzgado.

P.- Los Hermanos Musulmanes atacaron duramente las últimas manifestaciones en Tahrir y algunos activistas les acusaron de ocupar el lugar del disuelto PND en su tarea de obstaculizar las libertades civiles y políticas. ¿Son una amenaza para la democracia?

R.- Son parte de la sociedad egipcia. Tienen un papel que jugar en la transición y se les debe permitir hacerlo. Poseen una visión conservadora y religiosa y de ahí la importancia de redactar una nueva Constitución y situar las líneas rojas respecto a la naturaleza del Estado. Su poder será decidido por el pueblo pero es esencial asegurar que para cuando se celebren las elecciones los nuevos partidos hayan tenido tiempo suficiente de establecerse y captar militantes.

P.- Pero su propuesta supone modificar la hoja de ruta diseñada por el ejército y avalada en referéndum por una abrumadora mayoría. Según lo previsto, deberían celebrarse elecciones parlamentarias en septiembre, iniciar después la redacción de la carta magna y concluir con los comicios presidenciales…

R.- La cita de septiembre es demasiado prematura y concede ventaja a los Hermanos Musulmanes. Lo primero es pactar un acuerdo sobre los valores básicos del país que sea asumible para la derecha, el centro y la izquierda. Así se proporcionaría tiempo para celebrar unas elecciones libres, justas y representativas no antes de finales de año. Las presidenciales podrían ser para el próximo año y la transición se daría por superada en un año y medio o dos años.

P.- ¿Y si no se produce un cambio del calendario electoral?

R.- La solución es una coalición de todos los partidos que abogan por la democracia y un estado civil. Es necesario que en esta etapa exista una alianza que capitalice un consenso nacional sobre la democracia. [El pasado martes 13 partidos egipcios, entre ellos el de los Hermanos Musulmanes y la asociación de El Baradei, anunciaron la presentación de una lista unificada en los comicios parlamentarios para formar un Gobierno de unidad nacional]

P.- Los salafistas, defensores de una interpretación radical del islam suní, están siendo muy activos y aspiran a participar en el proceso político. ¿Es tolerable esa presencia?

R.- Si están preparados para trabajar en el marco de una constitución que respete valores universales como la libertad religiosa serán bienvenidos. Pero si lo que anhelan es imponer su puntos de vista más allá del consenso constitucional deberían quedar fuera.

P.- Desde el triunfo de la revolución se han registrado varios enfrentamientos entre musulmanes y la minoría cristiana. Usted incluso llegó a advertir de que Egipto podría deslizarse hacia tiempos oscuros…

R.- Las tensiones sectarias fueron producto de la represión. La violencia desaparecerá con el establecimiento de la democracia y el desarrollo económico y social. Egipto nunca ha padecido un conflicto de credos. Una sociedad libre y democrática y un proceso judicial independiente que proteja a las minorías acabarán con los ataques.

P.- En marzo la Seguridad del Estado fue disuelta pero aún hay interrogantes. ¿Cómo puede un país reinsertar a miembros del brazo ejecutor de la dictadura?

R.- Probablemente se deba replantear todo el sistema policial. Se necesita crear una cultura diferente. Aquellos agentes dispuestos a reeducarse continuarán y quienes se opongan serán despedidos.

P.- La reapertura del paso de Rafah y el patrocinio de la reconciliación entre las facciones palestinas marcan distancia con la diplomacia de Mubarak. ¿Respalda este giro en la política internacional?

R.- Apoyo plenamente la reapertura de la frontera entre Egipto y Gaza. Es un acto humanitario porque fue casi criminal negar a un millón y medio de civiles sus necesidades básicas. No puedes castigar a civiles por haber elegido un Gobierno que no te gusta. Es un ejercicio contraproducente que fortalece a la línea dura.

P.- ¿Y cuál debe ser la relación con Israel?

R.- Israel tiene que comprender que si elude la legislación internacional y no respeta el derecho de los palestinos a crear un Estado independiente no logrará jamás la paz. Mantener una política basada en la represión y el establecimiento de asentamientos en territorio palestino solo servirá para continuar con la inestabilidad en la región. Es posible alcanzar una verdadera paz, especialmente cuando la región se mueve hacia la democracia pero EEUU y Europa deben garantizar el cumplimiento del Derecho internacional. Si queremos estabilidad, necesitamos democracia en casa y resolución de los conflictos regionales.