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Francisco Carrión

HISTORIAS

«Es el pueblo y no Occidente quien debe decidir»

WEB29MY – Madrid – MUNDO – pag 38

En la ciudad de los mil minaretes, una inusual efervescencia política ha convertido las mezquitas en un granero de votantes ávidos de la primera experiencia democrática. Tras el rezo de los viernes, los fieles se acostumbran a los pasquines políticos y capean el primer proselitismo.

El calendario electoral no admite recesos. A las elecciones parlamentarias previstas para septiembre le sucederán un referéndum para la aprobación de la nueva Constitución y a modo de colofón los comicios presidenciales. Si se cumple la hoja de ruta de la junta militar, a finales de año Egipto habrá concluido la etapa más delicada de su transición.

Apostados a la salida de las mezquitas cairotas, el equipo de Abdelmonein Abulfutuh, un destacado miembro de los Hermanos Musulmanes, promueve su candidatura presidencial. «Aspiro a la jefatura del Estado porque siento la responsabilidad de servir a mi pueblo y quiero representar a una amplia corriente islámica moderada», confiesa Abulfutuh en una entrevista con EL MUNDO.

El político es un viejo conocido. Adalid del ala reformista del movimiento islámico, forjó su militancia durante su época de universitario. Una dura crisis interna le apartó en el año 2009 del consejo ejecutivo de la congregación. Desde el amago de cisma, era miembro del consejo consultivo.

Su determinación de concurrir a los comicios ha animado viejas rencillas en el seno de los Hermanos Musulmanes, que se resisten a presentar candidato a las presidenciales o respaldar a alguno de sus miembros. «Soy un aspirante independiente. Es muy posible que abandone los Hermanos Musulmanes pero no existe relación entre mi candidatura y mi dimisión», precisa el también presidente de la Unión de Médicos Árabes.

Desde su oficina, sita a escasos metros de la plaza Tahrir, Abulfutuh soporta un riguroso ritmo de trabajo. Igual concede una entrevista que organiza una caravana de ayuda médica a los rebeldes libios de Bengasi o escucha a la comitiva de periodistas que al otro lado de la línea telefónica le suplica un encuentro. El candidato no ignora su trascendencia: «Nadie se presenta si no confía en sus posibilidades», admite.

Según una reciente encuesta del diario estatal Al Ahram, Abulfutuh es, junto al ex secretario general de la Liga Árabe Amro Musa, el mejor situado en la carrera presidencial. Ambos cuentan con un 20% de apoyo popular, seguidos por el 17% que obtiene el premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei.

A decir por los sondeos, Egipto podría cerrar el año de la revolución con dos hitos: el ocaso del dictador, derrocado y juzgado, y la ascensión a la Presidencia vacante de un miembro de los Hermanos Musulmanes.

El grupo, fundado en 1928 e ilegalizado en 1954, era perseguido por los aparatos represivos del régimen depuesto. No obstante, la dictadura toleraba la comparecencia electoral de sus integrantes bajo el eufemismo de «candidatos independientes».

Abulfutuh, que padeció cinco meses de prisión en 2009, asegura que por primera vez las urnas eligen a un presidente egipcio. «Tras el final de Mubarak [el ex presidente egipcio que renunció a su cargo en febrero], hay libertad y democracia. Es el pueblo quien debe decidir su futuro y no el miedo occidental», sentencia.

«Cualquier decisión debe ser respetada, tanto si la mayoría opta por un laico como si elige a un islamista. Es la voluntad popular y lo contrario es reincidir en el fraude electoral», apunta mientras advierte de que «fracasará cualquier tentativa de imponer una ideología ajena al pueblo».

Abulfutuh es consciente del miedo que la organización, políticamente reformista pero moralmente ultraconservadora, infunde en ciertos círculos occidentales. Y, sin rehuir el asunto, afirma: «El temor es fabricado. Es evidente que en Egipto musulmanes y cristianos somos muy religiosos. No es posible alejarnos de nuestras creencias y no aceptaremos que la presión internacional nos diga quién debe gobernarnos».

Su programa electoral, articulado alrededor de «la libertad, la justicia, el desarrollo, la investigación y la enseñanza», aboga por un «Estado civil, democrático y socialmente progresista» pues, a juicio de Abulfutuh, «no existe el Estado islámico en el Corán». «Musulmanes y coptos hemos convivido pacíficamente durante 14 siglos y mi candidatura quiere mejorar los lazos entre los creyentes y el resto del espectro político».

La aventura presidencial a la que acaba de sumarse Abulfutuh es una carrera de fondo con distancia y rivales desconocidos.

A la hornada de nombres confirmados hasta el momento aventaja un trío de «candidatos fuertes». Uno de los posibles protagonistas del sprint refuta la eventual sorpresa de un valido al servicio de los uniformados: «Estamos orgullosos de nuestras Fuerzas Armadas. Ese supuesto sería inaceptable. Hasta ahora no han reclamado ningún papel político y están por encima de las rivalidades partidistas. Su tarea es proteger la democracia y la patria», añade convencido.