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Francisco Carrión

HISTORIAS

«La muerte será su salvavidas»

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AYMAN NUR

Ex candidato presidencial

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Circula por el Egipto postrevolucionario un chascarrillo o nukta que especula con la llegada al infierno de Mubarak. El rais es recibido por sus antecesores Gamal Abdel Naser y Anuar al Sadat, que le interrogan acerca de su final: «¿Te asesinó una bala o te envenenaron?». «Me mató Facebook», confiesa el último faraón. La autoría de su homicidio es un asunto controvertido. El pueblo le asestó una certera puñalada entre bytes y barricadas, pero fueron unos pocos visionarios quienes pagaron el precio de ser rebeldes en la época equivocada. Uno de aquellas almas es Ayman Nur, el político liberal que en 2005 impugnó la divinidad de Hosni Mubarak y se enfrentó a él en las primeras elecciones presidenciales de la historia del país. Logró más de 600.000 votos.

Y el hito, nacido de un simulacro electoral dispuesto para loar al dictador, se convirtió en un afrenta a su poder. Nur fue declarado culpable de falsificar el acta fundacional del partido Al Gad (El mañana, en árabe) y cumplió condena hasta 2009, cuando dio sus frutos la presión de Estados Unidos y la Unión Europea. Entre bromas, el abogado se inculpa por el asesinato de Mubarak: «Yo maté al faraón». A sus 46 años, aspira de nuevo a la Presidencia que dejó vacante su enemigo. La riña es ahora cuestión de edad y canas. Sus rivales superan sin despeinarse las 65 primaveras.

Pregunta.- Perdone que se lo pregunte a bocajarro. ¿Cuál será el final de Hosni Mubarak?

Respuesta.- Fallecerá dentro de muy poco. La muerte llegará antes que la condena y será su salvavidas para evitar la cárcel y la pena capital. Está claro que si vive para cuando se dicte sentencia, será ejecutado. Yo lo asesiné hace tiempo [risas]. Realmente se mató él mismo. La represión y la corrupción asesinan incluso a los dictadores más duros.

P.- ¿Y el de sus dos hijos?

R.- El destino natural de Alaa y Gamal es la cárcel. Serán juzgados en un proceso justo y cumplirán condena el resto de su vida. Lo que debemos garantizar es que el desarrollo de la causa sea ecuánime.

P.- La contestación popular que ha llevado a Mubarak ante los tribunales logró en julio un cambio de Gabinete. ¿Está satisfecho?

R.- No. Fue nombrado igual que el anterior Gabinete de Essam Sharaf [actual primer ministro] e incluso de los designados por Hosni Mubarak. El problema es el propio Sharaf. Es un hombre educado y agradable, pero no reúne las cualidades para liderar un Gobierno de transición. Es incapaz de reaccionar y afrontar la crisis y se ha convertido en el secretario del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

P.- Después de una larga luna de miel, la calle teme que el ejército haya llegado para quedarse…

R.- Es cierto que en ese asunto hay una preocupación permanente, pero la junta militar está obligada a recorrer la senda que le indica la revolución, y ese camino es el de la democracia. No es propietaria del cambio y solo cumple la voluntad popular. Es imposible que puedan apoderarse de la revolución. Hay golpes militares que acaban en revolución pero no hay revoluciones que se conviertan en golpe de Estado.

P.- Por si le sirve a Mubarak, ¿se aprende algo en la cárcel?

R.- Sí. Durante cuatro años sufrí todas las formas de represión. Desde el desprestigio personal al daño físico. Pero la prisión ha sido el libro más trascendental que he leído en mi vida. Entre rejas fui consciente del grado de perversión del régimen que combatía. Aprendí que el sistema era aún peor de lo que pensaba.

P.- Ahora vuelve a las andadas. ¿Por qué postularse de nuevo?

R.- En el primer intento, luchaba contra la persona de Mubarak. Fue una contienda muy desigual y yo pagué un precio muy alto. Ahora me enfrento a los restos de aquel régimen. La mayoría de los candidatos son herederos de la dictadura, empezando por Amro Musa [ex secretario general de la Liga Árabe].

P.- Hablemos de su programa. ¿Debe ser Egipto un Estado civil?

R.- No hay otro sistema posible salvo un Estado que garantice la igualdad de derechos para musulmanes, cristianos coptos y mujeres.

P.- ¿Qué vecindad propone con Israel?

R.- No somos defensores de aventuras bélicas sino promotores de la paz. Respaldamos la solución de los dos estados pero pedimos también revisar ciertos puntos de Camp David superados por la nueva realidad de la región. La población que habita en la frontera se ha multiplicado desde 1978 y se necesita mayor fuerza militar egipcia en la zona.

P.- ¿Existen razones para el optimismo?

R.- Muchas. Egipto reúne todos los requisitos para conseguir el éxito y garantizar a todos sus habitantes una vida en libertad.

P.- Un sueño confesable…

R.- Que en mi país impere la justicia, la democracia y la dignidad.