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Francisco Carrión

HISTORIAS

LA TELE DE LAS 30 «MARÍAS»

El canal María esta más cerca del fundido a negro que de la colorida carta de ajuste. Ahí radica precisamente el quid de esta nueva televisión femenina. Sus presentadoras son tan castas que cubren sus manos con guantes y encierran sus curvas y rostro en las telas oscuras del niqab, prenda que apenas deja al alcance del espectador la delgada rendija de los ojos. «Nuestra tarea es lograr que las egipcias regresen al islam», asegura a Crónica Saafa Rifai, la directora de un novedoso experimento catódico que acaba de inaugurar sus emisiones coincidiendo con la llegada del Ramadán. El noveno mes del calendario lunar musulmán es un tiempo de ayuno, perdón y reconciliación interior en el que los creyentes se atiborran de pecaminosas musalsalat (culebrones).

Rifai y su equipo de 30 empleadas aspiran, en cambio, a que el mando caiga rendido a su apología de la moral ultraconservadora. «El niqab es la vestimenta original que establece la sharia (ley islámica). Al salir en televisión, daremos ejemplo, y aumentaremos el número de mujeres cubiertas», afirma esta predicadora de 45 años.

A falta de presupuesto, el proyecto arranca en la parrilla de la emisora por satélite Al Umma (La Nación, en árabe). «En principio serán seis horas de programación, pero si tienen éxito, el canal en solitario podría empezar a funcionar en cuestión de dos meses», precisa Abu Yusef, el barbudo que gestiona la cadena hermana dedicada a los sermones de los jeques salafistas.

OLEADAS SATÁNICAS DE YUSEF

La iniciativa, pionera en un país cuya televisión pública levantó hace unos meses la prohibición de usar el pañuelo, nace, según Yusef, como «reacción a la política de aislamiento y discriminación contra las mujeres que rechazaban descubrirse ante las cámaras». En sus postrimerías, la dictadura prohibió incluso su uso en los exámenes universitarios y las residencias. Yusef: «Desde 1950, con el régimen militar, hubo una oleada satánica para destapar a las egipcias y desviarlas del camino del islam».

Un ex miembro de los Hermanos Musulmanes sucedió a principios de mes al derrocado Hosni Mubarak y, con el 25% de los votos, los salafistas se convirtieron en la segunda fuerza de un parlamento disuelto por la justicia en junio. «En las ciudades el 20% de las mujeres lleva niqab y en las zonas rurales más del 60%. Las tapadas representan ya la gran mayoría», recalca Yusef antes de descargar su rabia contra el pensamiento occidental. «Ya sé que en tu país es normal observar a la mujer desnuda porque le dais poco valor. Pero nuestras mujeres son seres preciados».

La ira también brota del hilo de voz de Rifai: «El problema de la mayoría de las musulmanas es que se hallan alejadas de la sunna (tradición) del profeta y están fascinadas por los vicios de la cultura europea», defiende. Para corregirlo, la televisión bendice la conversión que protagonizó María, una egipcia cristiana que fue regalada a Mahoma por un oficial bizantino en el 628 d.C. La concubina -una de las cuatro que tuvo el profeta- abrazó el islam de camino a Medina y engendró a Ibrahim después de que Mahoma quedara cautivado por su belleza. «Se convirtió antes de alcanzar sus brazos, se casó y dio a luz a un niño. Es nuestra madre», proclama la directora desde la oficina del canal. En la sala contigua, que sirve de precario estudio, la veinteañera Maha Ashur graba un capítulo de un programa en el que recita a capela versículos del Corán. «La música es haram (ilícito). Sólo se permiten las poesías y las canciones sin melodía» recuerda Rifai. La única línea roja en las pantallas de María es el islam en su versión más rigorista: «Vamos a hablar de todo lo que interesa a la mujer, incluida la política, pero sin traspasar los límites de nuestra religión».

Realizadoras, operadoras de cámara y productoras -escondidas también bajo el niqab- integran una cuadrilla de señoras enlutadas que igual preparan un espacio didáctico para divulgar las enseñanzas del islam entre los pequeños de la casa, que debaten la infidelidad conyugal desde la óptica de las mujeres que engañan a sus maridos. Según el administrador de la matriz masculina, «no hay problema para abordar el tema del sexo», pero con los principios del islam. Porque el niqab marca el principio y el final del canal. Su eslogan avisa reiteradamente que «María era una señora con niqab y las invitadas sólo aparecerán en pantalla con munaqaba (mujeres con niqab)», aclara Rifai.

La irrupción del canal ha provocado un terremoto en la profesión periodística del país más poblado del mundo árabe. Para Mona Salman, presentadora de la cadena catarí Al Yazira, las expresiones faciales «son una herramienta vital para conectar con el público». Un lenguaje al que la directora de María ha renunciado en nombre de Alá: «No pienso dar la cara. Nadie me obligará a desnudarme».