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Francisco Carrión

HISTORIAS

Los faraones se lavan la cara

A unos metros de la heróica e indomable plaza Tahrir se guarda la mayor colección de arte faraónico del mundo. Visitar el Museo Egipcio de El Cairo es una experiencia cuanto menos desconcertante. Más de 100.000 piezas, entre ataúdes, estatuillas o vasijas, se amontonan en polvorientas vitrinas. El caos campa a sus anchas por decenas de salas. Los rótulos aparecen y desaparecen sin aviso. A veces están en inglés, otras en árabes y las menos en francés.

El templo de una de las civilizaciones más fascinantes de la historia lleva décadas pidiendo a gritos un profundo lavado de cara. Ahora por fin las autoridades egipcias parecen dispuestas a remozar un museo que abrió sus puertas en 1902. Un proyecto multimillonario financiado por Alemania ha sido anunciado esta semana. El paso por quirófano está más cerca, como cuenta a EL MUNDO el ministro de Antigüedades egipcio Mohamed Ibrahim

Una docena de expertos internacionales trabajará en el radical cambio de imagen de un recinto que no ha sido ajeno al vértigo de los últimos tres años. En enero de 2011 los cazatesoros saquearon una de sus salas aprovechando la desbandada policial. Y un mes después el ejército instaló un centro de detención entre los objetos faraónicos. Ahora Egipto promete devolver la calma a las decenas de momias que guarda el museo y aliviar la vista de los turistas dividiendo su gigantesca colección de arte. Un nuevo espacio, el Gran Museo Egipcio, se construye desde hace unos años cerca de las majestuosas pirámides de Giza.

El viejo museo de Tahrir, con su cambio de piel, y el nuevo museo, con 117 hectáreas, son dos razones de peso para apuntar 2015 en la agenda y hacer escala en la tierra que los faraones gobernaron durante cuatro milenios. Un legado sensacional que guarda aún miles de enigmas bajo las arenas del desierto.