instagram arrow-down
Francisco Carrión

HISTORIAS

Pirámides cercadas por ladrillos

Al faraón Esnofru, padre de Keops y precursor de las auténticas pirámides, le ha surgido un peligroso rival. 4.500 años después de su muerte, sus descendientes remotos construyen sin respiro hileras de nichos funerarios a unos metros de la necrópolis de Dashur. «Nos quedamos sin sitio para enterrar a nuestros muertos y tras esperar permiso del Gobierno durante cuatro meses, decidimos ampliar el cementerio», explica Ramadán Adel, un lugareño de 37 años que se arrastra en babuchas por las áridas calles del moderno camposanto.

Recién levantadas, las tapias de ladrillo blanco cementan un horizonte por el que despuntan la pirámide romboidal y la imponente roja, la primera de caras lisas que allanó el camino para que la técnica acariciara la perfección en los poliedros de la meseta de Giza. Las nuevas parcelas funerarias, edificadas en terreno propiedad del Ministerio de Antigüedades, han engullido la garita desde la que los centinelas vigilaban un campo de pirámides que -junto a los de Abusir, Saqqara y Giza- son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Las dunas de Dashur, al final de un camino que cruza una llanura de palmeras en las que crecen maíz o cebada y pastan búfalos de agua, guardan la zona menos excavada de las pirámides. Hasta 1996 figuraban dentro de una finca militar.

«He construido diez nichos para mi familia después de que otros vecinos terminaran las obras sin que las autoridades protestaran», reconoce Ibrahim, un octogenario de rostro arrugado y dientes carcomidos que camina por los terrenos fronterizos con los monumentos. Allí, las lindes delimitadas por bloques de caliza predicen un porvenir sombrío. Y es que ni la burocracia gubernamental ni la denostada policía parecen hallarse en condiciones de detener el ritmo febril con el que el cementerio avanza hacia los pies del legado faraónico. La tragedia de Dashur es solo el caso más sonado de las amenazas urbanísticas y agrícolas que asolan al patrimonio egipcio. «Los sitios arqueológicos están en peligro porque existe un vacío de poder. Casi no hay policías para proteger los lugares que están siendo dañados y los funcionarios locales son a menudo incompetentes y temerosos. Es muy frustrante», confiesa a EL MUNDO Monica Hanna, una arqueóloga local embarcada en la tarea de denunciar el naufragio.

En los últimos meses, las señales de alerta se han disparado a lo largo de todo el país: los agricultores han comenzado a cultivar entre tumbas de nobles en Amarna, la capital del convulso reinado de Akenatón; una excavadora irrumpió la semana pasada en las ruinas grecorromanas de Al Bordan, en la costa mediterránea; y la edificación de otro cementerio ilegal ha destruido el hipódromo de Antinoópolis, una ciudad fundada por el emperador Adriano. «Cuando hay tales amenazas, el Ministerio y los inspectores recurren a la única manera que resulta efectiva: los tribunales», explica el egiptólogo Barry Kemp, profesor de la Universidad de Cambridge.

Pero el rápido deterioro del patrimonio -abordado este mes en una visita de la directora de la Unesco- obliga a adoptar medidas más allá del lento litigio judicial: «Hay que desplegar agentes armados para perseguir el robo o la destrucción. Y, a largo plazo, se debe poner en marcha programas educativos», sugiere Hanna. Sin los ingresos de un turismo moribundo, el reto resulta titánico. «Los recursos financieros de este Ministerio no son suficientes para proteger los monumentos», avisó recientemente el titular de Antigüedades.

[tabs]
[tab title=»

Tesoro expoliado

«]

Un paisaje lunar asoma por el complejo de Dashur. Los principales agraciados por el río revuelto son los cazatesoros. Aprovechan la noche para internarse en la zona y horadar la tierra. «No podemos hacer nada. Nos han perdido el respeto», se queja un oficial de policía. Hace unos meses unos ladrones abrieron fuego contra los guardias que les sorprendieron en plena excavación. En el pueblo cercano, sus habitantes no ocultan el expolio: «Hay quien encuentra estatuas, momias y vasijas. Un golpe de suerte así te puede hacer millonario», dice un carpintero.

[/tab]
[tab title=»»][/tab]
[/tabs]