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Francisco Carrión

HISTORIAS

“Vamos a fundir el puño de hierro poco a poco”

[pullquote]GEHAD EL HADDAD 
Portavoz de los Hermanos 
Musulmanes de Egipto[/pullquote]

Tal día como hoy de hace un mes Egipto se practicó un haraquiri que necesitará años de terapia. El feroz desalojo de las acampadas islamistas se saldó con más de 600 muertos e inauguró la semana más sangrienta de su historia moderna. Diezmados por las redadas policiales y la represión de las protestas, los Hermanos Musulmanes tratan de resistir. Con la mayoría de sus gerifaltes mordiendo el polvo de la cárcel, una nueva generación liderada por Gehad el Haddad se abre camino en una organización fundada en 1928 y curtida por décadas de clandestinidad. A sus 31 años, El Haddad –licenciado en estudios de cine y marketing en Reino Unido– es uno de los rostros más buscados por los servicios secretos. “Me persigue la seguridad del Estado; tengo prohibido viajar; soy constantemente difamado en los medios públicos y no he visto a mi esposa e hijos desde hace seis semanas”, resume en una entrevista con EL MUNDO hecha por correo electrónico por razones de seguridad.

Pregunta.– ¿Cómo ha afectado la campaña de arrestos a la Hermandad?

Respuesta.– Más de 10.000 líderes y miembros del grupo han sido detenidos en los últimos dos meses. Los dirigentes que hemos perdido han sido reemplazados por los disponibles en el siguiente nivel. La organización está descentralizada.

P.– Las nuevas autoridades parecen, sin embargo, decididas a ilegalizar su movimiento.

R.– Durante más de 80 años hemos trabajado bajo represivos estados policiales. Aunque este Gobierno está siendo mucho más cruel y brutal, no trabajaremos en la clandestinidad. Nunca lo hemos hecho. Operamos públicamente desafiando a un régimen ilegítimo. No nos atemorizan los arrestos ni los asesinatos ni la represión.

P.– La movilización callejera está perdiendo fuelle. ¿Cuál es la estrategia para sortear el férreo control de ejército y policía?

R.– Descentralizar las protestas, pero mantenemos el compromiso con actos no violentos y continuaremos con la lucha pacífica hasta restaurar la democracia.

P.– La prensa estatal ha ventilado en las últimas semanas la existencia de “negociaciones secretas” entre el Gobierno y la Hermandad.

R.– Ni negociaciones ni el más mínimo indicio de diálogo. Las autoridades ilegítimas prosiguen con las detenciones de nuestros jefes y militantes y atacan diariamente las protestas. Ahora han comenzado a arrestar a los hijos y esposas de los líderes a modo de presión para que se rindan. No hay señales que inviten a ninguna negociación.

P.– Dos meses después de la asonada, ¿es aún la Presidencia de Mursi una línea roja?

R.– No es Mursi sino el sistema democrático y el principio de traspaso pacífico del poder. Si aceptamos los golpes militares como el método para cambiar la autoridad en Egipto, el ejército será siempre el guardián de la soberanía del Estado socavando toda voluntad democrática. No podemos aceptarlo. La salida de Mursi sólo puede ser a través de vías democráticas como las elecciones presidenciales o el referéndum que pedían los manifestantes el 30 de junio. Pero los militares embaucaron a todo el mundo, secuestraron al presidente, asesinaron a miles de manifestantes, recuperaron el estado de emergencia, declararon el toque de queda y ahora están gobernando el país con puño de hierro. Nuestro objetivo es fundir el hierro poco a poco. Llevará tiempo. Los uniformados acabarán rindiéndose a un liderazgo civil y democrático, les guste o no. Es inevitable que suceda tarde o temprano. Es por eso por lo que no podemos ceder ante las ofertas que nos brindan la libertad de nuestro país en nombre de nuestra seguridad personal. Prefiero morir por el país que anhelo que vivir bajo la tiranía de un dictador militar.

P.– Mursi y la cúpula de la Hermandad afrontan una docena de cargos en los tribunales. ¿Cómo encaran la persecución judicial?

R.– Con un sistema judicial corrupto y cómplice y una base de jueces leales en gran medida a Mubarak, son irrelevantes las acusaciones contra los líderes de la Hermandad. Los magistrados cocinan los casos y las pruebas y los medios de comunicación lo venden al público de un modo fraudulento. Estamos en un Estado policial.

P.– Desde el brutal desalojo de las acampadas de Rabea y Nahda, iglesias y comercios cristianos han sido blanco de los ataques. El Estado les culpa de instigar la oleada de violencia sectaria.

R.– Quiero dejar claro por enésima vez que rechazamos cualquier violencia. Para los musulmanes es un gran pecado destrozar un lugar de culto. Además, en los dos últimos meses los vándalos han prendido fuego a mezquitas e iglesias en todo el país y la policía no ha intervenido para detenerlos. Y a pesar de todo ello el Gobierno golpista aún tiene la osadía de culparnos a nosotros.

P.– La hoja de ruta diseñada por la cúpula castrense sigue su camino. Un comité constitucional ha comenzado a discutir la reforma final de la Carta Magna con el referéndum y las elecciones parlamentarias y presidenciales en el horizonte. ¿Le inquieta el escenario de una prolongada exclusión política?

R.– No. Todos los pasos son irrelevantes porque son impuestos y liderados por militares sin base democrática. En cuanto se restablezca la legitimidad, se hará borrón y cuenta nueva y parecerá que esto no ha sucedido jamás. Pueden redactar la Constitución que deseen pero tendrán el problema de quién la respetará. No se puede administrar por la fuerza a una población que se levantó contra ti hace cuatro años. El país será ingobernable.

P.– La comunidad internacional, salvo alguna contada excepción, se ha negado a calificar de golpe el derrocamiento de Mursi…

R.– Los tiranos militares tienen a su servicio un ejército, pero carecen del reconocimiento derivado de la legitimidad. Como no pueden alcanzarlo en Egipto porque destrozaron los votos, se han vuelto hacia vuestras democracias. Sorprendentemente, muchos de vuestros líderes se han achicado ante tecnicismos e intereses y les han dado la bienvenida, cuando no han contribuido directamente en el golpe que arruinó nuestra naciente democracia.